Y volar...

19:30

Tendemos a compararnos con los demás para bien o para mal, tendemos a imaginar lo perfectas que son las vidas de las personas que nos rodean, tendemos a ponerle un filtro a nuestra vida y tratar de obviar las lágrimas disfrazándolas de sonrisas forzadas, tendemos a pensar que cuando una relación falla es por culpa de una de las dos partes, cuando... ¿Y si simplemente no pudo ser?.

***

Nos conocimos en un momento de mi vida en que todo era algo confuso y convulso, accedí a saber algo más de él, a demostrarme que podía llevar una relación perfecta y que simplemente era yo la culpable de que otras relaciones saliesen mal. Fuimos rápido, tanto que tuvimos una relación a distancia durante tres meses y cuando vino un mes para estar a mi lado sentía que era un completo extraño y no le conocía de nada. 
Discutíamos más que hablábamos. Puede que a algunas personas esto último les parezca excitante pero a mi no me lo parecía en absoluto. Yo siempre lo hacía mal. Yo siempre elegía mal las palabras que decía, el sitio al que me apetecía ir ese día, las bromas o chistes que se me ocurrían. Mis aficiones eran de risa, ''lo hago mal'' es un pensamiento que se quedó incrustado en mi cabeza. Nunca me ha gustado llorar delante de gente, independientemente del grado de confianza que tuviese con esas personas, siempre he preferido llorar sola, arreglar los problemas sola y escuchar atentamente los problemas de quienes me rodeaban procurando dar ese consejo que uno mismo nunca se aplica.
Lloré muchos días durante ese mes que pasamos juntos y recuerdo un día en que discutimos y él me había dicho algo muy exagerado, algo que ahora no recuerdo pero me hizo llorar durante una hora pegada al teléfono. Me pidió perdón y yo no entendía nada, sencillamente no entendía o no quería entender, porque sabía de sobra que esa relación no me hacía ningún bien. A lo largo de la relación le descubría pequeñas mentiras como decirme que se iba a dormir y enterarme al día siguiente que había salido de fiesta, ¿Cuál era el problema?, ¿Por qué magnificar aquello?, ¿Por qué no me lo habría dicho y así no hubiera pasado nada?, en el fondo no confiaba en él y hubo momentos en que no sabía si lo que me contaba era verdad o mentira, había algo en él que alimentaba mis inseguridades.
Nos despedimos en una cálida tarde de agosto, él se iba y me pidió que fuese unos días con él, quería estar conmigo y yo no quería estar con él. Tenía 18 años, el pelo algo más rubio pero la mirada que pongo cuando hago o digo algo por puro compromiso no había cambiado. Él tenía 10 años más que yo, se esperaba otras metas de aquella relación y eran cosas que sencillamente no podía darle. No podía pensar en formar una familia ''Yo quiero tener hijos'', no podía pensar en trabajar ''Tienes un nivel de vida que yo no puedo financiar y quiero que vengas conmigo, trabajes y pagues tu alquiler'', no podía pensar en despertarme todos los días al lado de una persona que no despertaba sentimientos buenos en mí, quizás por eso me di cuenta de que no iba a ir a Madrid con él, porque no le quería.

Rompimos un día a principios de septiembre por teléfono, acabamos con lo nuestro del modo en que lo empezamos... con una bonita y sonora discusión. Ambos estábamos exhaustos y con el corazón en la mano decidimos que romper era lo mejor, yo le conté que no quería ser la persona que él esperaba de mi y él tampoco era la persona que yo esperaba que fuese. Todo fue demasiado civilizado, me llamó alguna noche para preguntarme qué tal estaba y hablar de trivialidades, todo era calma hasta que a mediados de septiembre, un sábado recibí una llamada suya de noche, con el pintalabios en la mano y los zapatos de tacón esperando impacientes a consumir la noche, me habló de reconciliarnos y me opuse, volvimos a discutir y comenzó una guerra cruel y nada fría en la que ambos sacamos a relucir sin sutilezas qué odiábamos del otro. Aquello me entristeció mucho y decidí que quería estar sola, volar y conocerme mejor, darme tiempo a crecer y conocer, ser yo misma sin ningún pero.

Llegó el mes de octubre y con él, tú... recuerdo todo lo que hablábamos al principio -Y si me olvido, tengo screenshots de aquella-, recuerdo la forma perfectamente imperfecta en que nos conocimos, recuerdo levantarme y sonreír cada mañana, recuerdo haberme enfrentado a tu cara bonita y la no tan bonita, recuerdo haber llorado, recuerdo haber reído -mucho-, recuerdo el primer ''hola'' en una noche fría pero a la vez cálida de invierno, recuerdo nuestras primeras sonrisas al besarnos...

Nuestra relación va encaminada a los tres años y lejos de sentirme aburrida o cansada, me siento impaciente frente a lo que vayamos a hacer o simplemente impaciente de que llegue un nuevo día para estar a tu lado. Generalmente hemos tenido épocas buenas, muy buenas, en las que hemos bromeado y dibujado corazones en los cristales helados, pero también hemos tenido épocas malas en los que uno de los dos ha podido sentirse triste, estar algo huraño y siempre hemos continuado hacia adelante luchando por lo que verdaderamente nos importa: un nosotros real como la vida misma. 
Antes solía compararme con la gente, ver las relaciones perfectas que mantenían mis amigas y sentir un cierto grado de envidia al ver que en mi caso no era así. Yo no encajaba, tenía el don de atraer a malos chicos y alejar a los que se preocupaban por mi, magnificaba el amor y creía que todo debía ser constantemente perfecto y preparado para los terremotos. Encontré a chicos que querían hacerme el amor -Llamémoslo X- y largarse, a chicos que pretendían alimentar su ego a costa del mío, a chicos que me hicieron iluminarme para darme cuenta de que yo era un número... mi diario y este blog están llenos de nombres, de recuerdos, de personas que han podido aportarme algo bueno o malo pero que son una experiencia que conforma mi ser.

Mis amigas discuten con sus parejas, algunas son controladas por su novio, algunas ignoran que detrás de esa capa superficial de orgullo se esconden sentimientos de conformidad y de vergüenza, algunas siguen tratando de encajar y amoldarse al chico en cuestión con tal de no estar solas, otras engañan a su pareja sin remordimientos y otras vuelan libres como el ave que siempre soñaron ser.
Tú y yo discutimos, de forma breve y con una respuesta práctica, como si realmente no quisiéramos estar enfadados, tú y yo hemos llorado juntos, tú y yo tenemos una conexión que a veces siento que se escapa de lo real. La cosa es que yo ya no me comparo con nadie, he aprendido que nos gusta usar filtros fuera de Instagram, que las cosas malas que nos ocurren las ocultamos con la intención de hacer de nuestra vida un show de Truman hecho a medida de nuestros sueños y fantasías. He aprendido a escucharme, a escuchar, a valorar, a no idealizar nunca, a ser yo misma con mi vida perfectamente imperfecta... una vida que por cierto me encanta.

Tú tienes 24 años, yo 21 y de algún modo siento que hemos ido creciendo juntos, puede que ambos nos hayamos perdido momentos muy importantes en la vida del otro, pero día a día construimos buenos recuerdos, nos tenemos la mano y construimos un puente que nos lleve de lo que hemos sido a lo que queremos ser. No sé en qué voy a trabajar dentro de 5 años, no sé si viviremos juntos, no sé en qué supermercado haré la compra, no sé si me seguirá gustando leer la Vogue, no sé que será de muchas cosas pero quiero contarte -y pedirte algo-: Sé que querré mantener alguna tarde de cama y bol de palomitas, sé que querré darte la mano cuando tenga miedo, sé que seguiré confiando en ti para contarte mis miedos y metas, sé que querré una noche americana al mes, sé que canturrearé al verte porque me haces feliz, sé que seré egoísta y querré muchos mimos tuyos, sé tendré una maleta desgastada de pisar sitios contigo, sé que seguiré acariciándote el pelo con la misma ternura con la que lo hago ahora, sé que celebraré a tu lado todos los éxitos que tenga, sé que tendré una máquina de escribir en la que plasmaré todo lo que siento y contaré nuestras historias, sé que tu sonrisa siempre me parecerá la más bonita del mundo, sé que querré vivir en una casa contigo y que será nuestro hogar, sé que habré escogido bien... porque eso ya lo pienso.

Todo lo demás es secundario, y si me preguntan por qué no había funcionado antes... yo tengo la respuesta: No fue por mi ni fue por el chico en cuestión, fue simplemente porque tú aún no estabas, y ahora que estás quiero decirte que eres la primera persona de la que me enamoro en el sentido total de la palabra y que no sé qué quiero ser en el futuro pero sé cómo quiero estar: contigo.




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3 comentarios

  1. Creo que el punto de inflexión es precisamente ése: el encontrar a alguien con quien quieras ser tú, vosotros sin necesidad de ser otros. De que no sea perfecto pero que a vosotros os lo parezca. De que queráis compartirlo todo, de que queráis crecer juntos y que veáis el futuro en el mismo color.
    un besoo!

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    Respuestas
    1. Hola, bonita! Siento mucho tardar en responder :)
      Creo que tienes muchísima razón, querer a alguien sin máscaras, enseñarte tal como eres y decir ''Soy así, tal cual''.

      Un beso y feliz fin de semana

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